Artículos de discusión

Rumbo a la Novena Brigada Multidisciplinaria de apoyo a las comunidades de México


Eloisa Amparo
Egresada de la carrera de Ciencias Ambientales del CIEco UNAM, Campus Morelia

  Integrante de la Brigada Multidisciplinaria de Apoyo a las Comunidades de México
 

Históricamente entre las políticas paternalistas y las neoliberales, el campo mexicano siempre ha salido perdiendo. A pesar de que este tema es comúnmente tocado en los discursos políticos, muy pocas veces se han implementado políticas que favorezcan un verdadero desarrollo social en este ámbito. Actualmente entre el despojo de tierras, los cacicazgos, la migración, la degradación ambiental y la apertura económica, el escenario en el campo no parece mejorar.

En las ciudades es común que se vea la situación del campo como algo ajeno y distante. Sin embargo los trabajadores, los jóvenes, las mujeres, los estudiantes de la ciudad, estamos tan oprimidos como lo están los campesinos, jornaleros agrícolas e indígenas del campo.

Este distanciamiento entre las personas de la ciudad y las del campo, en los jóvenes suele ser reforzado incluso en las escuelas públicas donde se educa para servir al capital. Es así como aún el servicio social ha perdido su verdadero objetivo de retribuir a la sociedad mexicana (quién con sus impuestos mantiene la educación pública del país), los conocimientos adquiridos en las aulas y se ha convertido en un simple trámite que puede ser cubierto sin ningún aporte verdadero al pueblo de México.

En respuesta a esto, la Brigada Multidisciplinaria de Apoyo a las Comunidades de México desde el 2006, año con año se organiza de manera solidaria para realizar un trabajo comunitario que busque contribuir en un verdadero desarrollo desde la base, no bajo el esquema capitalista, sino de la mano con las comunidades, intercambiando saberes y con el apoyo del conocimiento científico.

A 5 años de que se llevara a cabo la primera edición, nos encontramos preparándonos para el próximo verano cuando se realizara la novena brigada, por segunda ocasión a las comunidades de la montaña alta de Guerrero. De manera autogestiva, estudiantes de diferentes escuelas públicas como la UNAM, UAM, IPN y UACM aplicamos los conocimientos adquiridos en las aulas y fuera de ellas, para proponer proyectos desde diferentes disciplinas.

Con nosotros participan compañeros de sociología, medicina, química, ingeniería, diseño gráfico, psicología, ciencias ambientales, veterinaria, pedagogía, trabajo social y odontología, por mencionar algunas.

Es así como en esta próxima brigada, continuaremos con proyectos de la brigada anterior e implementaremos nuevos, algunos de ellos son: promoción de la salud comunitaria, medicina veterinaria, estufas eficientes de leña, calentadores solares, compostaje y huertos familiares, medicina tradicional, educación, biblioteca comunitaria, promoción educativa entre otros. Te invitamos a acercarte a conocer más sobre este proyecto y a organizarte con nosotros.

¡Por la defensa del ejido y la comunidad!
¡Por un verdadero servicio social!
¡En contra de la minería a cielo abierto en las comunidades del
país!
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Del Desarrollo de la Comunidad al Desarrollo Comunitario


Walter J. Ángel,
Egresado de la licenciatura en Ingeniería Eléctrica – Electrónica de la UNAM
Integrante de la Brigada Multidisciplinaria de Apoyo a las Comunidades de México

Una idea se ha aplicado, extendido, manoseado y manipulado durante muchos años bajo las supuestas pretensiones de elevar el nivel de vida los explotados: el desarrollo de la comunidad. Este es un fantasma que camina a lo largo y ancho no sólo de México, sino del mundo entero. La sola idea de que este concepto esté girando en todos lados, hace suponer que el mismo deba analizarse a fondo en virtud de generar un planteamiento sobre lo que significa.
Es curioso, pero durante el desarrollo de una crisis capitalista, este concepto es usado con más frecuencia por la clase en el poder, levantándose políticas supuestamente enfocadas a elevar el nivel de vida de la población; sin embargo, su miseria ni amaina ni se estaciona, muy por el  contrario, se profundiza. Peor aún, al superarse la situación de crisis, simplemente estas políticas tienden a desaparecer.
La condición de crisis en general cuando el campesinado se insurrecciona o cuando hay procesos independentistas, hacen aparecer las denominaciones del desarrollo de la comunidad; también cuando los países súper industrializados tienen excedentes muy gruesos de capital y mercancías que necesitan mover en los países “atrasados”, se hace uso del desarrollo de la comunidad; así mismo cuando después de una serie de políticas destinadas a destruir el campo y la soberanía alimentaria y colocarla en manos de las multinacionales de los alimentos, combinada con las políticas de modernización agrícola que genera una destrucción del campesinado y la migración hacia las grandes ciudades o hacia otros países, se llama a la formación de nuevos programas orientados hacia el desarrollo de la comunidad. Y podemos revisar una y otra vez los objetivos de dichos programas y todos ellos, desenfadadamente, estarán orientados a elevar los niveles de vida del pueblo.
Todo esto para decir que el concepto de desarrollo de la comunidad existe y es una realidad, buena o mala, que en todo caso hay que analizar, discutir y reorientar hacia el servicio de los explotados y los oprimidos.
Según Francisco Gómez Jara, inicialmente, es en Inglaterra y Francia donde se comienza a aplicar las denominaciones del desarrollo de la comunidad. Bajo el status colonial, el concepto derivado en política social, fungió como instrumento civil de difusión de las relaciones capitalistas hasta los sitios más distantes y rezagados. Antes de abandonar el país, tenían que asegurar su control económico. Ya durante el proceso y sobre todo en el periodo independiente, se convierte en una alternativa a los grupos insurgentes, que deben suplir, de forma no revolucionaria, todas las carencias de la administración colonial, generadora de la represión y pasividad de toda una población inmersa en miserables condiciones de vida. La idea era tan clara como el agua: conseguir nuevos líderes leales al capital que garantizarán y ampliaran el mercado de consumo interno[i].
Se comenzó por movilizar y hacer participar a la población hasta un cierto punto, para luego entrenarlos en el manejo de los niveles medios de gobierno o de las agencias de las empresas multinacionales y del aparato militar manejado por los occidentales. Todo eso se analizó como una realidad urgente ya que mucha de la nueva elite gobernante carecía de una base social y estaba muy distante a comprender la realidad que se le presentaba en la cara.
Pero en todo eso había que ser muy cuidadosos, la capacitación no debía ser tal que permitiera una concientización que rompiera con el esquema capitalista existente. De ahí la sumisión de los programas del desarrollo de la comunidad a los dictados e intereses del Estado. Todo esto tiene su representación física en la India, Senegal, el Congo, África Central, y el Sudeste Asiático; al igual que en países latinoamericanos como Puerto Rico, a pesar de que éste no consiguió su independencia.
Otra importante experiencia de los programas de desarrollo de la comunidad, son los de orientación estadounidense ideados por Kennedy que trataban de responder al fracaso de la guerra fría y la respuesta nuclear masiva para detener las guerras civiles que se desarrollaban en China, las guerrillas de Grecia, Malaya, Vietnam, Cercano Oriente, Laos, etc. Implementándose guerras contrarrevolucionarias apoyadas en militares y gobiernos nativos que iban de la mano con planes socioeconómicos en las áreas de pobreza, supuestamente generadoras de malestar e insurrección. Bajo la bota militar, venían de la mano los programas civiles preventivos que en América Latina se llamaron Alianza para el Progreso (ALPRO)[ii].
En este sentido como señala Fals Forda, el desarrollo de la comunidad viene a cumplir la tarea importante de absorber neutralizar el malestar campesino y de la población de los barrios pobres mediante su institucionalización; pero también, prepara a estos sectores para una masiva introducción a la sociedad de consumo a través de programas de desarrollo de infraestructura donde los principales beneficiarios son las multinacionales y sus agentes nativos proveedores del financiamiento, tecnología, maquinaria e insumos. Pero con el paso del tiempo esta política se fue modificando debido a que los estudios les arrojaron que la correlación que hacían entre la pobreza y las insurrecciones era demasiado mecánico e incierto. Para los informes estadounidenses, Vietnam y Cuba no eran precisamente los espacios donde la pobreza se desarrollaba en su fase más aguda respecto de los países circunvecinos; el elemento que los hacía distintos era que en esos países había organizaciones decididas al cambio. Lo que devino en un giro de la política imperialista hacia la lucha por la erradicación de los dirigentes y organizaciones democráticas, decayendo así el interés por el desarrollo de la comunidad.
Esta experiencia de desarrollo de la comunidad, también llamada desarrollismo, fue al mástil que dio sombra a otras experiencias pasadas de desarrollo de la comunidad como la que se desarrolló en México entre el periodo de las guerras mundiales, donde se centró al atención en el desarrollo sociopolítico de la comunidad, misma que no se concebía como una unidad homogénea, sino como una estructura formada por clases sociales antagónicas de las cuales a una sola ha de servir el desarrollo de la comunidad; con la importante observación de que los programas de desarrollo de la comunidad ejecutaban cambios en la estructura social del país.
El desarrollismo gringo propició un extensionismo agrícola y clubes juveniles rurales dentro del programa “modernizador” de la agricultura nacional, patrocinado por los consorcios internacionales o en empresas paternalistas del Estado destinados a abaratar la mano de obra de los proyectos públicos y empresas privadas y/o acrecentar el control de la población.
Entonces, sobre lo anterior, el modelo de desarrollo de la comunidad no representó ser más que una enfermera del capitalismo y la sociedad de consumo en las regiones más alejadas y marginadas que promueve un orden injusto adaptativo e institucionalizador; apaciguador de consciencias y represor de las voluntades y aspiraciones democráticas legítimas de las poblaciones rurales oprimidas.
Por supuesto que esta idea de desarrollo de la comunidad choca con la posición de constituir una herramienta útil de trabajo que no parte ni de arriba ni de debajo de la comunidad, sino del seno de la misma; de la organización consciente de sus trabajadores que deciden caminar. Esta posición esencialmente distinta se ha llamado Desarrollo Comunitario.
El modelo teórico del desarrollo de la comunidad afirma que el sistema capitalista funciona bien; que sólo presenta algunas anomalías, desviaciones o retrasos que necesariamente deben corregirse. El punto de referencia, entonces, resulta ser Europa Occidental y los Estados Unidos, como ejemplos de una “sociedad moderna”. Por contraparte, en los países “atrasados” o dependientes subsisten grandes áreas rezagadas, rurales, representativas de la sociedad anterior a la “modernidad”, caracterizada por una comunidad rural cerrada al capitalismo nacional e internacional, homogénea, opuesta o difícilmente convencida de la superioridad del modelo de vida urbano, con una familia extensa y costumbres mágico-folklóricas. De ahí entonces, el desarrollo de la comunidad se abocará a “preparar” a la comunidad para que deje de ser tradicionalista y alcance su propio desarrollo al grado de una sociedad moderna, dinámica, individualista y conservadora.
El Desarrollo Comunitario, por el contrario, es la organización independiente y democrática de los explotados y los oprimidos de las comunidades rurales y urbanas no para adaptar, incorporar o modernizarlas, según el modelo capitalista, sino para oponerlo y sacarlo de ese proceso, a través de la crítica y la acción cooperativa solidaria a favor del cambio social radical. La actual sociedad capitalista se encuentra en una profunda crisis que no es una crisis financiera, sino una crisis de relacionales sociales fuertísima, que no es necesario superar ni reacondicionarla, al contrario, hay que transformarla. El proceso de transformación está más en interés de la clase trabajadora y para eso cuenta con organizaciones y métodos históricos para llevarlo a cabo. Estas organizaciones no sustituyen, sino que apoyan el trabajo comunitario que actúa sobre todo en los sectores más desvalidos con el fin de ligarlos al movimiento obrero y lleguen en conjunto a la lucha por su mejoramiento social. Es claro que no hay coexistencia entre regiones “desarrolladas” y “atrasadas” sino que se sobreponen unas a otras sobre las relaciones de explotación, aunadas a las que se expresan entre las clases sociales; las zonas rezagadas no se retrasan o marginan porque se desliguen de las zonas avanzadas, es producto de un desarrollo desigual y combinado en el que ese contacto aparece demasiado estrecho, expoliador.
Como las “zonas avanzadas” o “desarrolladas”  o “modernas” representan el sector de la sociedad más colonizado por la economía y la ideología capitalista, por lo tanto no puede ser el modelo a seguir de todos esos espacios marginados y rezagados. Siendo que precisamente el rezago de aquellas se debe a las relaciones de explotación impuestas sobre su economía, y al mismo tiempo a la incapacidad de la sociedad capitalista para satisfacer las demandas más elementales de la población. Por ello las zonas marginadas no deben incorporarse al consumismo, sino su mejoramiento debe ser desarrollado por ellas mismas.
Las comunidades rurales o urbanas deben buscar nuevos caminos para lograr el bienestar echando mano de las técnicas y métodos elaborados por las ciencias sociales orientadas hacia el cambio social. Este concepto de desarrollo comunitario implica la organización de los explotados de las comunidades también más expoliados en forma cooperativa, democrática y con autogobierno, manejando sus recursos y los que el Estado le proporcione, para luchar contra las relación que los oprimen. A lo largo de este proceso se transforma a la comunidad y se estrechan las relaciones de solidaridad con las fuerzas del movimiento obrero-campesino democrático e independiente del Estado y los patrones, del movimiento estudiantil progresista, todas encaminadas a la transformación radical de la sociedad.
Existen una diversidad de matices sobre las formas de intervención en el desarrollo comunitario; sin embrago, el papel del estudiante en la participación comunitaria en este sentido, deberá considerar que hay que penetrar a fondo del alma comunitaria para extraer la fuerza que permita luchar por un verdadero cambio social. De esta manera, el estudiante y egresado, inmerso en el proceso de proletarización del trabajo intelectual, debe de coincidir e identificarse con las necesidades inmediatas e históricas de los trabajadores que integran la comunidad, para organizarse en conjunto y luchar por el mejoramiento real, efectivo y certero; desordenar la sociedad injusta, trastocar la adaptación y generar inquietudes y críticas.
Principalmente se debe comprender que el desarrollo comunitario es un proceso que por lo mismo tiene una relación dialéctica entre la progresión de los cambios y la comunidad; los cambios son perceptibles en cuestiones como que la comunidad que cada vez es más participe a la toma de decisiones sobre asuntos de interés común, así como de las relaciones comerciales comunitarias que pasan a ser más igualitarias; cambios de un estado de mínima cooperación y organización de la población explotada, por otra de estrecha colaboración; cambio de una condición de desperdicio de los recursos propios, a una situación donde estos se usan racional y democráticamente; cambios donde el gobierno imparte los servicios y la población permanece pasiva, a una situación donde la propia población se organiza, colabora en su instalación y organiza tales servicios. Todo esto bajo un método y un programa que permita a la población recobrar su derecho a la participación económica, política y social.
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[i] Francisco Gómez Jara. Técnicas de Desarrollo Comunitario.
[ii] John Saxe Fernández. Etiología de la patología revolucionaria y profilaxis contrarrevolucionaria.
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INTERVENCIÓN COMUNITARIA, REFLEXIONES Y APROXIMACIONES DESDE EL ENFOQUE PSICOLÓGICO


Marisol DJ
Egresada de la licenciatura en Psicología de la UNAM
Integrante de la Brigada Multidisciplinaria de Apoyo a las Comunidades de México

El común denominador de la formación académica, ha sido la ausencia casi total de prácticas en conexión con la realidad, un fenómeno que aún persiste. La universidad moderna tiene funciones docentes(o de formación), de extensión cultural a la población, de investigación y de servicio público (intervención en la comunidad). Estas actividades se consideran originantes de cambios y factores de desarrollo, es decir, que la función de la universidad hoy día no es la de simple trasmisora o conservadora de conocimientos. En este sentido, para la intervención comunitaria se requiere que se establezca una interrelación orgánica y estable entre las necesidades de la población, la formación de los profesionales y los líderes y organismos existentes en dicho contexto comunitario, de tal forma que los objetivos concuerden y se beneficien mutuamente. Pero para que esto suceda se necesita más que voluntad, pues el quehacer comunitario no es tan atractivo para quienes pretendan acrecentar sus logros académicos o profesionales de forma individualista.


El quehacer comunitario requiere de agentes de cambio, puesto que el objetivo principal en toda intervención es precisamente ese, “el cambio”. Es complejo, pero es lo único permanente en el universo. Pasando al tema que nos ocupa, la intervención comunitaria vista como un cambio social planificado se puede definir según Alipio Sánchez como una introducción de un elemento externo entre dos partes con la intención de modificar e interferir con el funcionamiento de un proceso o sistema en una dirección dada. La intervención en este sentido es un proceso de interferencia o influencia y persigue un cambio. Para otros autores la intervención comunitaria es una perturbación en la cotidianeidad de la población, en donde lo que se haga esta en función de resolver un problema que la comunidad identifica como tal. Lo que lleva a enunciar lo siguiente: el trabajo es “con” la comunidad y no “sobre” la comunidad, de ahí que más adelante se toque el concepto de participación comunitaria.


El trabajo comunitario consiste en intentar el reconocimiento del problema y su significación en esa comunidad, de donde surgen de inmediato los recursos propios que deben movilizarse o, como se dice en el ámbito comunitario, dinamizarse para convertir al problema en un problema de todos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la comunidad tiene sus propias formas de enfrentar y solucionar los problemas, un ejemplo de ello es la salud, pues la comunidad define y contiene sus formas de enfermar y de curar. En este sentido, lo que hagamos en una primera intervención definirá como se visualice nuestro quehacer, por lo que es importante definir hacia donde estarán enfocadas nuestras intervenciones. Siguiendo con el ejemplo de la salud, la intervención en esta área tendría que ser preventiva y entonces la labor que tocaría realizar sería de ayudar a recuperar lo que está contenido en la forma en como la comunidad atiende los problemas de salud.


Uno de los errores más frecuentes al iniciar una intervención con la comunidad es pensar que nosotros somos su único recurso, o el más importante, y que los temas que consideramos importantes para su tratamiento constituyen el principal centro de interés comunitario. El saber leer, aunque muy importante, no es el único tema de interés para la comunidad, hay muchos otros problemas que preocupan a la sociedad como el empleo, la alimentación, la cultura o las relaciones sociales, por mencionar algunos. Los otros recursos presentes en la comunidad, sociales, políticos, culturales, etc., pueden tener incluso un papel más relevante que el saber leer para un proceso de participación comunitaria.


Para intervenir en la comunidad tendremos, por tanto, que contar con el resto de los servicios y recursos con que cuenta la comunidad y tener una visión global de los problemas que en ella existen, y no solamente la visión de nuestra área de conocimiento. Por otra parte, también tendremos que implementar un proceso de participación comunitaria, donde el protagonismo es de la comunidad. En este sentido, el equipo profesional (nosotros los brigadistas) es un recurso más, junto al resto de los servicios presentes en el territorio. A veces nos cuesta mucho ceder poder y renunciar al control del proceso y eso nos obliga a asumir la mayor parte de las actividades y tareas de forma voluntarista. Esto trae como consecuencia para el equipo, entre otros riesgos, el de “quemarse”, es decir el desgaste físico o emocional.

De ahí la necesidad de que el equipo de brigadistas reflexione sobre algunos conceptos básicos relacionados con la participación comunitaria, esto con la finalidad de que el trabajo que se realice con la comunidad sea realista, se evite el voluntarismo y se estimule la participación de los integrantes del equipo. La comunidad tiene sus ritmos, aunque en ocasiones se aceleran enormemente, pero no hay atajos. Algo importante de mencionar es que la participación comunitaria es un proceso continuo de implicación de la comunidad para mejorar sus condiciones sociales y calidad de vida, que tiene inicio en un momento determinado pero que no tiene fin, por lo cual no es conveniente apresurar este proceso. El objetivo debe ser buscar la participación como instrumento para fomentar la autonomía de la comunidad y mejorar sus condiciones de vida con una real y democrática participación de los ciudadanos. Estas nociones y acepciones nos permiten no desvirtuar el proceso de participación comunitaria, y al mismo tiempo evitar la sensación de fracaso al ver que la comunidad no avanza hacia los objetivos concretos que se plantearon con determinación en el tiempo.

Por tanto, es fundamental que se descentralice el proceso y que el protagonismo técnico ceda su lugar a un verdadero protagonismo ciudadano. De esta forma, nosotros los brigadistas seremos los impulsores o promotores de dicho proceso, pero debemos asumir que el protagonismo y las decisiones recaen sobre la propia comunidad.
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  • Marchioni, Marco. Comunidad, participación y desarrollo. Teoría y metodología de la intervención comunitaria. España.
  • Videla, Mirta. Prevención Psicológica en salud comunitaria.Argentina,1991.
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